A modo de aclaración: Esta nota fue publicada en Tuxys.com en ocasión de la muestra de la fotógrafa Tina Modotti en el Museo Sívori de Buenos Aires, ocurrida entre el 29 de marzo y mediados de mayo del 2000. Dada la importancia de los trabajos realizados por Tina en el desarrollo de la fotografía artística en México, decidimos incluirlos aquí y sumarnos al homenaje que la autora de la nota rinde a la obra y la persona de la artista que fue Tina. Mujeres de Empresa
"Solo soy sólo una fotógrafa". Con estas palabras secas y categóricas Tina Modotti se definió cuando, a fines de 1929, presentó sus fotografías en la Biblioteca Nacional de México. Esa fue su manifestación de principios y su aspiración más auténtica: quería ser una profesional de la fotografía al servicio de la gente. Ya no le interesaba el arte puro, la estética como fin último. Aunque había comenzado embelesada por la belleza de las formas puras, por la naturaleza y por la arquitectura, algo muy terrible había ocurrido en su vida que la llevó a una voluntad de ascetismo absoluto.
Las fotos que se exhiben en estos momentos
en el Museo Eduardo Sívori de Buenos Aires hablan
claramente de un camino que la condujo a una ascensión
a la pureza. Pero también dicen estas fotos que
Tina Modotti nunca pudo dejar de ser artista, y que sus
trabajos jugaron, a pesar de ella misma, un papel decisivo
en el desarrollo de la fotografía artística
mexicana. Que es como decir la fotografía del mundo
entero.
Yo intento rendir aquí un tributo a la persona y a la artista Tina Modotti.
Porque si bien es cierto que lo que importa de un artista es su obra y no su
vida, hay casos excepcionales. La vida de Tina fue lo suficientemente heroica
y fascinante como para merecer una mirada totalizadora.
Tina nació en Udine, al norte de Italia, en 1896. Su familia era extremadamente pobre, con inquietudes intelectuales e ideas socialistas. Pero la miseria los hizo emigrar a Norteamérica a principios de siglo. El empuje de Tina le permitió, en poco tiempo, convertirse en sostén de su familia. Fue modista y también actriz de teatro italoamericano en San Francisco; tenía un rostro sensual y un cuerpo estupendo, pero lo más notable era su natural elegancia. Se casó a los 20 años con un joven encantador, Roubaix de l'Abri Richey, de origen aristocrático y pobre, con quien empezó a frecuentar la bohemia intelectual de San Francisco.
Apenas comenzada la década del 20, Roubaix fue a probar suerte a México y se murió de viruelas. Tina, joven viuda, ya era asistente, modelo y amante de un fotógrafo que se perfilaba como uno de los futuros genios de los Estados Unidos: Edward Weston. Con Weston (que era casado y tenía 4 hijos) empieza la vida novelesca de Tina Modotti. Ambos, fascinados mutuamente, olvidados de las buenas maneras (aunque con el hijo mayor de él) se fueron para vivir la gran aventura mexicana.
Tina ya había adquirido un estilo cosmopolita y libre que le granjearon las puertas de la intelectualidad mexicana. Y también de la alta sociedad. Ella era y se sabía seductora y cautivante. México estaba tratando de abrirse a Occidente; crecía culturalmente, y este proceso, que llevó algunas décadas, determinó que allí se encontraran personajes maravillosos. Pintores, escritores, poetas, hasta científicos y humanistas disfrutaban de México, que siempre ejerció un poder hipnótico sobre los seres sensibles.
Tina Modotti se enamoró de México. Allí, entre 1924 y 1929, transcurrieron sus años más rutilantes. Era una persona tan brillante que no había fiesta grande o chica a la que no estuviera invitada. Su vida allí fue una fiesta. Y Weston adquirió un estilo mundano gracias a esta encantadora italiana, independiente, fogosa, natural.
Edward Weston y Tina Modotti viajaron extensamente por México para realizar un reportaje fotográfico al país. Tina, aunque conocía bien la fotografía, pulió su arte al lado de Weston, que se caracterizaba por ser un verdadero maniático del encuadre, de la belleza abstracta de la imagen, de la búsqueda de las esencias. De modo que a veces estaban horas y días para fotografiar el momento exacto en que una cierta luz bañaba una determinada cornisa, o las nubes formaban algún dibujo curioso. Conocieron a fondo el país. Tina se conmovió y sintió que renacían en ellas las preocupaciones sociales.
Cuando volvieron a la casa que compartían, el amor estaba
casi extinguido y Weston retornó a California (donde él
y su hijo Brett llevaron a cabo una obra sumamente elogiada por
críticos y aficionados).
La vida de Tina, sola, en México, toma un cariz cada vez
más intenso. Ella es una de esas mujeres singulares que valoran
y destacan su condición femenina, pero que no renuncian a
su sexo ni ceden sus derechos.
Después de la partida de Weston, conmocionada hasta la médula por la realidad dura del pueblo mexicano, Tina se vuelca al Partido Comunista. Xavier Guerrero, importante pintor de origen olmeca, la introduce en el mundo de la política y la convierte en una fervorosa y sincera marxista estalinista. Además se hacen amantes. En el Partido, Tina se rodea de nuevos y antiguos amigos. Por ejemplo los muralistas Diego Rivera y Alfaro Siqueiros. Con Diego la une una amistad de larga data: él la tomó como modelo para varios murales.
Tina Modotti